Publicado el 09/06/2025 por Administrador
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En una de las noches más intensas desde que comenzó la invasión rusa en 2022, Ucrania enfrentó un ataque aéreo de magnitud sin precedentes. Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó un total de 479 drones Shahed y al menos 20 misiles de distintos tipos durante una ofensiva masiva que se prolongó por varias horas. La respuesta defensiva de Ucrania logró derribar 277 de esos drones, mientras que otros 183 fueron neutralizados mediante interferencias electrónicas.
El ataque fue calificado como el más grande hasta la fecha utilizando drones kamikaze. Además de los drones, Rusia disparó una serie de misiles altamente sofisticados, incluidos cuatro hipersónicos Kinzhal, diez misiles de crucero Kh-101, tres Kh-22, dos Kh-31P y uno Kh-35. Las defensas aéreas ucranianas afirman haber interceptado todos ellos antes de que alcanzaran sus objetivos.
Aunque la intensidad del ataque fue extrema, los daños materiales fueron contenidos gracias a la eficacia del sistema antiaéreo. Solo una fracción del armamento logró impactar suelo ucraniano, afectando diez localidades y causando la caída de fragmentos en otras 17 zonas. Se reportó una persona herida durante la jornada.
La magnitud del ataque fue tal que incluso Polonia, país miembro de la OTAN, activó su defensa aérea y desplegó cazas como medida preventiva para proteger su espacio aéreo frente a una posible desestabilización regional.
Simultáneamente, Ucrania lanzó un contraataque sobre la base aérea rusa de Savasleyka, ubicada en la región de Nizhni Nóvgorod. Según Kiev, lograron impactar dos cazas MiG-31 equipados con misiles Kinzhal, una acción que busca debilitar la capacidad ofensiva aérea rusa.
La ofensiva rusa y la respuesta ucraniana tienen lugar en un contexto especialmente delicado, en medio de conversaciones sobre un nuevo canje de prisioneros y mientras se intensifican los combates terrestres en el este del país. La táctica de saturar el espacio aéreo con drones busca agotar las defensas ucranianas, mientras que Kiev continúa mostrando su capacidad para responder y adaptarse en un conflicto que ha evolucionado hacia una guerra de alta tecnología.
Este nuevo episodio no solo pone en evidencia la escalada militar, sino también el impacto psicológico sobre la población ucraniana, que vive bajo el constante temor de los ataques nocturnos. Al mismo tiempo, refuerza el llamado internacional a aumentar el apoyo en sistemas antiaéreos, municiones y radares para sostener la resistencia de Ucrania.
El uso masivo de drones Shahed, de origen iraní, reafirma el rol creciente de la guerra asimétrica y plantea desafíos inmediatos a las alianzas occidentales, que observan con preocupación la evolución del conflicto y sus implicaciones geopolíticas.